De fondo a la sociedad desde hace buen tiempo se le ha vendido la idea a los colombianos que Paz significa la derrota de los bandidos (Farc-Eln) que no tienen ningún ideal político, solo son una montonera de desadaptados dirigidos por unos narcotraficantes que se autodenominan jefes, comandos, coordinadora guerrillera, cúpula, etc. Desdibujados desde hace tiempo los ideales sociales y políticos de la guerrilla, convierte al proceso de paz en una transacción entre un cuerpo de bandidos insurgentes que quieren ponerle precio a la dejación de las hostilidades y un Estado que va a ofrecer otro precio que evite el gasto y sacrificio de vidas humanas necesario para combatir los hostiles.
Así se ha hecho el mercadeo de la paz desde hace un buen tiempo: es la terminación un conflicto de baja intensidad con motivaciones netamente económicas y que no compromete ningún otro tipo de valores sociales.
Y lo evidente no solo es el resultado de una estrategia de algunos líderes del estado, sino del olvido y pérdida en la orientación de la guerrilla, que concentró en el como utilizando las mismas tácticas de dominio por el miedo que utilizan los dictadores, el terror como medio para lograr sus objetivos y terminó por convertir en objetivo al miedo, olvidándose de sus motivos y valores originales.
Las estrategias de las partes de disolver la inconformidad social negandole toda validez a la actitud revolucionaria o de cambio por un lado, y del otro, el tratar imponer una visión escondida, ecleptica y desconocida de "un país más justo" mediante el terror, deja como los únicos perdedores a los hombres y mujeres del común a quienes los beneficios de la revolución y del cambio en las posiciones de poder y económicas realmente tiene sentido.
Tal y como están hoy las cosas, el que posa con un discurso social es el Presidente Santos. El utiliza el estado publicar y publicitar sus propias estadísticas de desigualdad social y se muestra en las pantallas de televisión y en congresos y discursos asumiendo el reto de revertir la inequidad reinante. Así están las cosas. Claro que existen organizaciones sociales no beligerantes que son criticas delos procesos y que saben y conocen de los procesos sociales y económicos que hay que cambiar, pero estas organizaciones no son conformadas por guerrilleros, ni están como protagonistas de un proceso de paz.
De malas todos los que esperamos cambios importantes, pues alguien supo dividir para su conservación sin arriesgar muchos cambios, al estado de las cosas y a la insurgencia, dejando a un lado sin la fuerza del conflicto los demás actores sociales que viven y sufren la verdadera inequidad.
Sí las organizaciones guerrilleras quieren realmente promover un cambio, deben desentender la gestión de la guerra y la violencia, y atender a su verdadero propósito y liderarlo. No se trata de entregar una posta para que otro corredor haga el esfuerzo y realice la tarea que la insurgencia quería hacer. Eso de que invitemos a la sociedad civil a los diálogos, que la paz hay que llenarla de pueblo, no son sino entelequias que no terminan en algo importante.
Si la guerrilla no tiene negociadores con bagaje y sabiduría social, debe reconocerlo rápidamente y nombrar a personas que lo tengan, estén de acuerdo con sus propósitos y dispuestas a participar en una negociación dura. El estado nombró como negociadores a lo más granado del estatu quo, personas con muy alta capacidad de negociación y de argumentación para defender a la sociedad de cambios importantes. Eso de esperar que miles de discursos romanticos y desencajados reemplacen el el propósito de la guerrilla es continuar con la intención de no lograr nada, de no arriesgarse a hacer realmente el cambio, tan insulso y cruel como el desangre insensato de la guerra per se.
La guerra no en más que el recordatorio de la incapacidad para resolver los problemas, y se termina creyendo que la mejor manera de solucionarlo es matando al contradictor. A nadie le conviene un proceso de paz centrado únicamente en terminar simplemente un conflicto. El propósito es lo importante y para eso es que se deben preparar los amigos de las Farc y del Eln si quieren entrar en procesos de negociación. De lo que se trata es de mostrar nuevos caminos, formas diferentes de hacer las cosas, se trata de llegarle a las personas con propuestas útiles e innovadoras, de presentarlas en público, de venderlas, de hacerlas conocer y mejorarlas rápidamente.
No se trata de esperar a ver que propone el pueblo, o las organizaciones sociales. Nos quedaremos esperando como pasó en el proceso del Caguan. Hay que arriesgarse y conformar un equipo negociador muy bien cimentado intelectual y emocionalmente, y tener unos postulados básicos para emprender el proceso. No existe la perfección, solo existe la ausencia o la dejación de propósitos, lo demás son logros que se mejoran en el camino.
Yo hago votos por que las personas, hombres y mujeres que dirigen a los guerrilleros se centren en lo importante, en los cambios de paradigmas, en nuevos direccionamientos, en la apertura de oportunidades para todos, en aceptar y liderar procesos sociales, políticos y económicos que se traduzcan en una sociedad cada vez más justa. Eso nos conviene a todos, incluso a aquellos que insisten en que nada cambie, pues es el miedo al cambio es el que anquilosa las sociedades y las hace más injustas.

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