Yo nunca compartí ni estuve de acuerdo con las acciones, ideas y hechos generados por este hombre. De hecho, los pocos discursos y escritos a los que accedí, dejaron en mi la impresión de un ser intransigente paralizado por una colección de odios, rencores y culpas propias y otros más miedos aprendidos y heredados del entorno en que vivió, y que constituyeron su pasado, sumado a un asombroso temor a lo que él pensaba le ofrecía futuro. Un espíritu que podría decirse yo sentía oscuro y negativo.
Pero ese carácter no es una exclusividad de los guerrilleros o de malos seres humanos. Yo conozco mucha gente clasificada como buena, con actitudes egóticas mucho más acendradas y con niveles de conciencia inferiores que las del guerrillero muerto, y no por eso creo que la sociedad deba buscar o desear que se mueran, ni que desaparezcan o que los maten.
Esa intención deshumanizada de andar, separando, derrotando, aislando, castigando, matando a todo aquel ser humano que no se avenga a acatar respetuosamente mis normas y creencias no hace más que preservar el estado actual de miseria, violencia y la destrucción en que vivimos.
Sugiero que examine su interior en busca de ganar conciencia, y comience por aceptar que todos los extremos humanos se comportan de igual forma, así sabrá que todo aquello que usted odia y critica en los demás es porque usted lo tiente por dentro y se detesta viéndose a sí mismo en los demás, siente odio a si mismo, es lo que lo hace actuar violentamente contra los demás.
De manera que yo no encuentro ningún motivo de alegría en la perdida de ningún ser.

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