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miércoles, 9 de noviembre de 2011

Y cual es la alegría desatada con la muerte del líder guerillero

Guillermo León Saenz Vargas alias Alfonso Cano comandante guerrillero de las Farc, así se identifica al ser humano al cual le fue segada su existencia en días pasados. Su muerte se convirtió en motivo de fiesta, celebración, emociones y hasta de lágrimas de felicidad del señor Presidente. Que alegría genera en la inconsciente sociedad la muerte de un ser humano.

Yo nunca compartí ni estuve de acuerdo con las acciones, ideas y hechos generados por este hombre. De hecho, los pocos discursos y escritos a los que accedí, dejaron en mi la impresión de un ser intransigente paralizado por una colección de odios, rencores y culpas propias y otros más miedos aprendidos y heredados del entorno en que vivió, y que constituyeron su pasado, sumado a un asombroso temor a lo que él pensaba le ofrecía futuro. Un espíritu que podría decirse yo sentía oscuro y negativo.

Pero ese carácter no es una exclusividad de los guerrilleros o de malos seres humanos. Yo conozco mucha gente clasificada como buena, con actitudes egóticas mucho más acendradas y con niveles de conciencia inferiores que las del guerrillero muerto, y no por eso creo que la sociedad deba buscar o desear que se mueran, ni que desaparezcan o que los maten.

Esa intención deshumanizada de andar, separando, derrotando, aislando, castigando, matando a todo aquel ser humano que no se avenga a acatar respetuosamente mis normas y creencias no hace más que preservar el estado actual de miseria, violencia y la destrucción en que vivimos.

Sugiero que examine su interior en busca de ganar conciencia, y comience por aceptar que todos los extremos humanos se comportan de igual forma, así sabrá que todo aquello que usted odia y critica en los demás es porque usted lo tiente por dentro y se detesta viéndose a sí mismo en los demás, siente odio a si mismo, es lo que lo hace actuar violentamente contra los demás.

De manera que yo no encuentro ningún motivo de alegría en la perdida de ningún ser.

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