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jueves, 13 de enero de 2011

Colombia "Democrática" y la nueva era de Santos.

Mi abuelo solía definir la democracia como "el sistema político que se encarga de defender a los ricos y poderosos de los desgraciados pobres que son muchísimos más". El abuelo era comunista ni nada de esto, él fué liberal de la primera mitad del siglo 20, que entendía la sociedad con los aromas de la revolución francesa todavía. Claro que ser liberal en ese entonces seguramente tendría las mismas implicaciones que tiene hoy día ser de la izquierda en cualquiera de sus movimientos.

Las razón que argüía mi abuelo para su critica era elemental: "La democracia se fundó sobre los 3 pilares de la revolución francesa, de los cuales solo se practica La Libertad, y se esgrime a conveniencia la Igualdad, desapareciendo del todo la Fraternidad".

Esto no ha cambiado, existe libertad para unos muy pocos de: montar gobiernos a conveniencia, hacerse de los recursos públicos, encarecer la educación, apropiarse de las mejores tierras, patrocinar la violencia y la lucha política, fomentar políticas y leyes que garantizan que el estado de las cosas no va a cambiar, ponerle trancas y talanqueras tributarias al emprendedor emergente, sembrar el camino de los innovadores con permisos y licencias, excluir de impuestos a los magnates, la banca y a los inversionistas extranjeros, de inventar subsidios, exenciones, subvenciones y regalos para sostener a unas minorías encima de las abrumadoras mayorías a como de lugar.

Entonces se habla de la Libre empresa, del periodismo libre, de la libre profesión, de la libertad de cultos, de las elecciones libres, del libre alvedrio, libertad de conciencia, de libre pensamiento... y toda esta perorata termina en que el sinónimo de democracia es la tan manida libertad.

Libres de que o para que. Parece ser que es de ser libres de todo cargo y de todo mal, libres para fijar el salario mínimo, libres para presentar una nación como la nuestra con el 48% de su población en y debajo de la pobreza, libres para tener la segunda mayor población de desplazados del mundo, libres para tener concentrada el 80% de la propiedad y las mejores tierras en menos del 4% de sus habitantes, libres para entregar los recurso naturales, libres para fomentar el desequilibrio ambiental que nos asecha y para reforzar la bomba social que hierbe bajo nuestros píes.

Y entonces donde queda la Igualdad, pues fácil: los igualmente miserables que deben vivir en las orillas de los ríos, en los barrancos de los rellenos sanitarios, en los barrios de invasión: En la clase media frágil que endeudada hasta los tuétanos obedeciendo al marketing de la banca para que tome dinero y lo convierta cuotas mensuales por la compra absurda de electrodomésticos, carros y apartamentos. Esa igualdad se expresa también en el viacrucis de los pequeños empresarios o innovadores víctimas del sistema y devorados por impuestos, retenciones, iva, Cámaras de Comercio, Industria y comercio, prestaciones sociales, cajas de compensación, trámites, permisos, plazos y licencias de todo tipo y finalmente de agiotístas, porque es más fácil que un banco le preste a cualquiera para endeudarse al corto plazo hasta el cuello en un carro, que otorgar a un pequeño emprendedor un crédito blando y a largo plazo para formar y consolidar una empresa.

Así es, este abuso de la libertad e igualdad produjo dos castas: Una dominante y privilegiada poseedora los medios, los recursos y el poder, y la segunda casta que medra de los favores, las dádivas, las oportunidades pírricas de emprendimiento, la tiránica caridad de ologopolios y monopolios, de los puesticos de trabajo, de la informalidad, de las limosnas, de las sobras y de los olvidos de la clase dominante.

Lo malo no es que existan ricos y pobres, lo malo es que no hagamos conciencia que muy pocos tienen la gran mayor parte de los recursos y nadie haga algo por remediarlo, ni siquiera los más favorecidos. No se trata de acusar, de castigar, de matar o de secuestrar. Se trata de hechos, de que libertad, igualdad y fraternidad deben ir juntas y no separadas, por que ya hemos visto lo que hace la sola libertad, y una igualdad sola es excluyente, termina fortaleciendo castas de iguales. Se necesita la fraternidad, al SER fraterno, que no es otro a aquel con la consciencia de que existe el otro, consciente que los demás necesitan apoyo para desarrollarse, consciente del que hay un límite para la ambición y sobre todo consciente de cuando es suficiente. Esta es la clave de todo.

Resulta que el producto del conjunto (Libertad+ igualad +fraternidad) es la formación de un ciudadano consciente de su entorno que sabe que la sustentabilidad y sostenibilidad dependen de la apropiación suficiente de los recursos necesarios para su buen vivir y felicidad, y que esa conciencia de suficiencia garantizará que los demás seres de la tierra, entre ellos los humanos, tengan derecho de gozar de esa misma calidad de vida y felicidad.

Asi es que señor presidente, que ojalá le llegue mi mensaje fraterno para que si puede con su ejemplo y su poder, de comienzo al cambio que necesita esta nación.

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